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Esto no es una crítica de cine. Dolor y Gloria de Pedro Almodóvar.

  • Foto del escritor: Julio E. Tinoco
    Julio E. Tinoco
  • 1 dic 2019
  • 2 min de lectura

Actualizado: 4 dic 2019

Recientemente se estrenó Dolor y Gloria, la nueva película del director español Pedro Almodóvar, que cierra la trilogía sobre el deseo. Pero más allá de lo extraordinario de sus características fílmicas: la impecable fotografía, la experiencia del color, lo interesante del argumento, la fluidez y originalidad de la narración; es la experiencia común, cotidiana, íntima y emotiva de los personajes lo que más he disfrutado.


A través de más de dos horas conocemos la historia del protagonista Salvador Mallo, un director de cine retirado a causa de los dolores físicos que padece y quien frecuentemente lidia con recuerdos de su infancia y los reencuentros inesperados. Por otra parte, en la película hay varias referencias a México; es esto quizá lo que me alude de manera más personal. “Recuerdo México D.F., tú y yo borrachos; cantando La noche de mi amor de Chavela Vargas”. Dice uno de los personajes principales durante un monólogo.


Es, a través de estas casualidades argumentativas, que me cuestiono de nuevo sobre un tema que de tan discutido parce ya agotado e incluso de mal gusto retomar: la identidad mexicana.


Cómo se vinculan dos países con una historia que los une y los divide al mismo tiempo. Cómo se miran los individuos de dos culturas distintas pero familiares. Como mexicano he tenido una educación tan preocupada por rechazar y polemizar sobre nuestro origen hispánico que, a menudo, identificarse con lo exterior sólo aviva la confrontación identitaria del trauma histórico.


Mientras miraba esta película, y observaba el carácter cultural de los personajes, su manera de especial de mirar el mundo, occidental, pero española. Mientras escuchaba el sonido del lenguaje. Recordaba a Alfonso Reyes y sus Cartones de Madrid, Luis Buñuel y Los olvidados, Joaquín Sabina y el tal José Alfredo de sus canciones o al propio Manolete que, unos días antes terrible muerte en Linares, soñaba con retirarse en México.


El vínculo entre ambos países es indisoluble y estoy seguro de que, a la manera de Bernardo de Balbuena en su Grandeza Mexicana, muchos mexicanos encontrarán en el solar ibérico la inspiración poética.



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