Espacio y religiosidad en El llano en llamas de Juan Rulfo.
- Julio E. Tinoco

- 1 dic 2019
- 3 min de lectura
El espacio en los cuentos de Juan Rulfo se vuelve un lugar preciso e irrepetible, en parte, por los elementos religiosos que subyacen en él. En el El llano en llamas (1953) el espacio se configura como el eje indispensable a través del cual se articulan los demás aspectos de la narración. La religiosidad de los personajes, por otro lado, forma parte de los elementos externos que los contextualizan y les dan profundidad. Sin embargo, existe una dimensión en la que ambos se vinculan y hacen posible que los personajes se desarrollen en un espacio creado a partir de elementos religiosos y estos a su vez existan a partir de un tiempo y espacio particular que nace de las características propias de los personajes.
Debe entenderse, en primer lugar, el espacio en función de su relación con el tiempo, un cronotopo, como lo define Mijaíl Bajtín. El espacio como un escenario en el que se desarrolla la historia en coordenadas espaciales y temporales que delimitan las posibilidades de acción de los personajes. En segundo lugar, la dimensión religiosa de los personajes a la que me refiero está enmarcada dentro del cristianismo propio de la región occidental de México y acentuada por las particularidades del entorno rural. Sincretismo entre el catolicismo español heredado de la colonia y los significados y expresiones dados por el arraigo a la tierra, que les impregna irremediablemente usos y rituales propios.
Las características del espacio narrativo están delimitadas por las de los personajes; cuya profundidad sociológica les es dada por el espacio donde se desarrollan. Los rasgos sociales y culturales de los personajes, manifestados a través de la religión, hacen entender el espacio de esa manera en particular. Sin el trasfondo religioso de los personajes no habría un espacio-tiempo con estas características. De la misma manera, son las particularidades del espacio-tiempo las que determinan la religiosidad como un rasgo propio de los personajes.
Así, el primer argumento es que, en espacio, nace el sentido religioso de la historia. Insertas en un trasfondo religioso, las creaturas de Rulfo adquieren también ese sentido del que les es imposible desprenderse; como en el cuento Luvina: “San Juna de Luvina. Me sonaba a cielo aquel nombre. Pero aquello es el purgatorio. Un lugar moribundo donde se han muerto hasta los perros y ya no hay quien le ladre al silencio […]” O como en La herencia de Matilde Arcángel donde el pueblo toma el nombre de un espacio con connotaciones de religión: “Corazón de María […] donde Eremio tenía un rancho apodado Las Ánimas” ¿Cómo pueden no tener un sentido de existencia ligado a la religión los personajes que viven en un lugar que lleva por nombre el corazón de la madre de Dios?
Ahora bien, el segundo argumento es que es que los personajes y sus acciones, como expresiones de sus caracteres psicológicos, son las que impregnan de religiosidad el espacio-tiempo dónde y cuándo sucede la historia. La mente y comportamiento de los personajes se vuelcan, a través del lenguaje religioso, en la aventura de crear su mundo, como en Talpa: “…Tanilo se puso a hacer penitencia. En cuanto se vio rodeado de hombres que llevaban pencas de nopal colgadas como escapulario, él también pensó en llevar las suyas…después quiso llevar una corona de espinas… Y cuando menos acordamos lo vimos metido entre las danzas. Apenas si nos dimos cuenta y ya estaba allí, con la larga sonaja en la mano, dando duros golpes en el suelo con sus pies amoratados y descalzos.”

Finalmente, es posible que no pueda concluirse el orden lógico ni el nivel en el que se relacionan el espacio-tiempo con los rasgos internos de los personajes. Por ese motivo, concluyo en este breve ensayo que, a la manera en la que Bajtín plantea la imposible disociación de tiempo y espacio, el espacio no puede existir sin estar asociado a la complejidad sociológica de los personajes ni viceversa.
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